
Ingredientes:
1 Libra de ñame pelado y cortado en trozos
1 Libra de yuca pelada y cortada en trozos
4 Tazas de agua
½ Libra de queso costeño, picado en cuadros
1 Cucharada de suero
Preparación:
Hoy, mi hijo vendrá. Me lo ha dicho, esta mañana, una lengua de candela que salió de entre las astillas candentes en el fogón de leña, mientras preparaba el café. Si la candela está alegre, decía mi abuela, son señales de buenas noticias. Por eso he empezado a quitarle la concha al ñame y a la yuca, a cortar en forma de cuadritos el queso, para preparar mote de queso. Es bueno empezar temprano, puede suceder que con el olor del mote de queso cocinándose, pueda recordarle desde aquí, a mi hijo, el camino a casa. Una mañana de hace diez años, mi hijo Pantaleón cruzó el umbral para no volver más. Ese día en el silencio de la cocina, le estaba preparando mote de queso.
En una olla de barro, sobre un fogón de leña, se ponen a hervir 4 tazas de agua, se le echa en trozos el ñame pelado y cortado en trozos. Luego con un cucharón de palo de naranjo, se revuelve varias veces, para que el mote tenga consistencia.
Ese día en el mediodía, Pantaleón, no llegó a la casa almorzar. Me dijeron después que Los goleros, esos hombres que huelen a cobre, se lo habían llevado.
Cuando el mote de queso está en su punto, se le echa la ½ libra de queso costeño picado en cuadritos, se espera 10 minutos y se le echa la cucharada de suero. A parte se sofríe en dos cucharadas de aceite, un tomate maduro y una cebolla cabezona picada, se le agrega el diente de ajo machacado, se revuelve hasta lograr una salsa.
El mote de queso se sirve si se quiere con arroz con coco y un poco de cebolla cabezona sofrita, regada por encima, así le gustaba a mi hijo.
Desde ese día que no vino a almorzar, no he tenido tranquilidad. Cada madrugada al pie de mi cama, le pido a la virgencita de la Candelaria que me lo proteja. He esperado una señal que me diga que él está vivo. Hace diez años que dejo la puerta de la casa, entreabierta.
Hoy, mi hijo vendrá. La candela del fogón de leña me ha dicho que vendrá. Puede pasar que de tanto revolver el mote de queso, él llegue hasta el umbral y prefiera guardar silencio hasta que termine de servirle y me diga las palabras de su regreso, las que tanto he esperado escuchar.



